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UN RINCÓN PARA LA HISTORIA

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Antonio Machado en el Café de las Salesas. Madrid, 1934


Fotografía de Antonio Machado, ya muy enfermo, al final de la guerra civil. Tomada, al parecer, en la frontera con Francia, camino del exilio.
UN RINCÓN PARA LA HISTORIA
Antonio Machado



Un poeta desamparado

Julio Montes Santiago
Complejo Hospitalario Universitario-Meixoeiro. Vigo.

Suelen repetir los biógrafos de Antonio Machado que el poeta murió de pena. Y probablemente están en lo cierto. Las inquietudes por el sombrío cariz de los acontecimientos en la guerra que acabarían dando lugar a un agobiante periplo por España hasta acabar en el destierro francés - "Pienso en España vendida toda de río a río, de monte a monte, de mar a mar..." -. La tremenda decepción de saber a su hermano Manuel, colaborador y camarada de tantas empresas teatrales, ahora notable paladín de la España de Franco que había empujado a él y su familia al exilio -"Avisa tu recuerdo, hermano, alguien vendió la piedra de los lares al pesado teutón..."-. El fusilamiento por esa otra España de su entrañable Federico García Lorca -"Mataron a Federico cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle a la cara..."-. Las solicitudes por su madre anciana y enferma -que de hecho moriría 3 días después del poeta- y por sus sobrinas -hijas de su hemano José-, a las que quería como un padre y de las que no se tenía noticia, camino del exilio en Rusia... Los agobiantes recuerdos, primero de la muerte de Leonor en aquellos lejanos días de Soria, y luego la ya irremediable pérdida de Guiomar, su gran amor otoñal. -"Tengo un olvido, Guiomar, todo erizado de espinas, hoja de nopal..."-. Todo ello sin duda contribuyó a acortar su vida que no alcanzará los 65 años. Sin embargo, mirando las cosas desde una perspectiva estrictamente médica, es preciso convenir que la enfermedad final que terminó con su vida fue una enfermedad pulmonar crónica, tipo bronquitis crónica o enfisema, y en cuyo origen estuvo el inveteradísimo hábito tabáquico del gran escritor. Aquí se intentan evocar algunas circunstancias de la vida del poeta y se señalan algunas pinceladas sobre aquella dolencia que le llevó a la tumba.

Semblanzas de una vida
Antonio Machado Ruiz nace el 26 de julio de 1875 como el segundo de 9 hermanos, de los que sólo 5 llegarán a adultos. Viene al mundo en el Palacio de las Dueñas en Sevilla, propiedad de los Duques de Alba, y que tanto recordará a lo largo de su vida -"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero..." -. Su educación se realiza en un entorno liberal, pues su abuelo, Antonio Machado Núñez, que ejercerá durante algún tiempo la medicina, es un convencido republicano, que formó parte de la junta revolucionaria durante la Primera República en Sevilla. Su padre, Antonio Machado Álvarez, con el sobrenombre de Demófilo, publicó numerosos estudios sobre el folklore gallego y andaluz y fue amigo de Joaquín Costa y de Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Cuando la familia tiene que trasladarse a Madrid en 1883, al ser nombrado el abuelo Profesor de la Universidad Central, Antonio que entonces cuenta 8 años entrará a estudiar en la Institución Libre de Enseñanza. En Madrid va a seguir de forma irregular los estudios, interrumpidos varias veces por dificultades económicas y por la muerte del padre en 1893.

En 1899 viaja a París, donde se reúne con su hermano mayor Manuel. Allí conocerá a escritores famosos como Oscar Wilde y Pío Baroja. Es en ese París donde se produce el deslumbramiento por la poesía simbolista -sobre todo los Poemas Saturnianos- de Paul Verlaine. Aunque previamente había hecho ciertos escarceos en prosa en revistas en las que colabora su hermano Manuel, es a su vuelta de París cuando comienza a publicar sus primeros poemas que cristalizarán más tarde en su primer libro Soledades. También de regreso en España obtiene el título de bachiller. En este momento es un aficionado al teatro, incluso participando en papeles siempre intrascendentes. En 1902 vuelve a París y conoce a Rubén Darío, quien le produce una honda influencia.

A la vuelta a Madrid entabla amistad con Juan Ramón Jiménez y publica en 1902 Soledades que pasa bastante desapercibido. En 1907 gana las oposiciones a cátedra de francés del instituto de Soria. Allí conoce a Leonor Izquierdo, hija de los dueños de la pensión donde se hospeda y se casa con ella dos años después teniendo ella 16 y él 35 años. Publica, entonces, Soledades, galerías y otros poemas. En 1911 viajará con Leonor a París tras conseguir una beca para ampliar sus estudios filológicos. No obstante, fundamentalmente se dedica a frecuentar las clases del filósofo Henry Bergson. En París Leonor cae enferma de tuberculosis y muere en 1912, lo que sume a Machado en una gran depresión, solicitando el traslado a Baeza (Jaén), donde vivirá con su madre dedicado a la enseñanza y al estudio. Allí se licenciará en Letras. En ese mismo año de 1912 aparece el libro Campos de Castilla.

En 1917 conoce a Federico García Lorca y en 1919 se traslada a Segovia. Escribe textos poéticos y filosóficos en prosa que pone en las manos de los poetas apócrifos Juan de Mairena y Abel Martín. En 1924 edita Nuevas Canciones, y entre 1926 y 1932 estrena, en colaboración con su hermano Manuel, 6 obras de teatro de las cuales la más famosa es La Lola se va a los puertos. Esto les confiere cierta notoriedad, siendo recibidos por altas personalidades civiles y políticas entre ellas el rey Alfonso XIII y el dictador Primo de Rivera. En 1927 es elegido miembro de la Real Academia Española, y aunque escribirá parcialmente su discurso nunca lo llegará a leer. Convencido republicano se implica políticamente en el advenimiento de la Segunda República, interviniendo en mitines con otras personalidades como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o López de Ayala. En 1928 conoce a la poetisa Pilar de Valderrama, a quien llamará Guiomar, una mujer casada y católica, con quien mantendrá una prolongada relación sentimental, nunca física, tanto epistolar como poética y escribe pensando en ella las Nuevas canciones a Guiomar. En 1932 se le concedece un puesto de profesor en el Instituto Calderón de la Barca y en 1935 en el Instituto Cervantes, ambos en Madrid. La guerra civil romperá definitivamente la relación con Guiomar, al marcharse Pilar a Lisboa y Antonio a Valencia (finales de 1936) -"De mar a mar entre los dos la guerra, más honda que la mar... Tú asomada, Guiomar a un finisterre miras a otro mar (...) La guerra dio al amor el tajo fuerte..." -.

Nunca se volverán a ver. En 1937 en Valencia interviene en el 2º Congreso Internacional de la Alianza de Escritores Antifascistas y colabora asiduamente en la publicación Hora de España defendiendo siempre la legalidad republicana. En 1937 publica su última obra La guerra con ilustraciones de su hermano José. En 1938, perdida toda esperanza de lograr la victoria para el bando republicano, Antonio, ya muy enfermo, se traslada a Cataluña. Allí será atendido por el Dr. Puche Álvarez, quien proporcionará a Antonio y su familia el coche que los encaminará al exilio francés a finales de enero de 1939. En Francia, tras pasar un breve tiempo en Cerbère, pasarán a Collioure donde morirá el poeta el 22 febrero de 1939.

El fumador inveterado
Las enfermedades pulmonares, singularmente la tuberculosis, golpearon muy de cerca el entorno familiar de Machado. En efecto, su padre, Demófilo, falleció en 1893 a los 47 años de una tuberculosis, dejando a la familia en una difícil situación económica. También su única hermana, Cipriana Machado Ruiz, moriría en 1900 en Madrid a los 14 años de una "pulmonía asténica". Pero es sin duda otra muerte por tuberculosis la que marca de manera decisiva y trágica la vida del poeta. Se trata de la muerte de Leonor Izquierdo, su mujer, que muere en Soria en 1912 con apenas 18 años cumplidos. Sólo unos meses antes había visto la luz Campos de Castilla, el libro que lo encumbraría definitivamente como poeta. A pesar de la amargura por la pérdida, en una carta dirigida a su madre, el poeta le escribe que goza de buena salud. Sin embargo, más tarde confesará que llegó a tal su desesperación que intentó contagiarse de la enfermedad de su mujer para morir con ella. Esta profunda tristeza le llevará a abandonar para siempre la querida ciudad castellana para marchar a Baeza.

Sin embargo, la enfermedad que le atormentará durante sus últimos años y que a la postre acabará físicamente con su vida, -el aniquilamiento moral se habrá producido mucho tiempo antes-, será una enfermedad pulmonar crónica producida por su arraigado hábito tabáquico. Abundan los testimonios, tanto escritos como gráficos, de esta práctica del poeta (y también se hace referencia a su abuso del café). Ya Rubén Darío, su amigo y benefactor -que llegará a prestarle dinero cuando Machado angustiado por las hemoptisis de su esposa durante su estancia en París decide regresar a España-, comentará este pertinaz hábito.

También los alumnos en los diversos institutos donde enseñó se referirán, al evocar la figura del poeta y profesor, a los trajes salpicados con la ceniza del inevitable cigarrillo. Su hermano José referirá igualmente que, en las largas veladas de colaboración entre los dos hermanos Antonio y Manuel para escribir las obras teatrales, se fumaba con profusión. No es infrecuente en las fotografías conservadas de Antonio sorprenderle con el cigarrillo en la mano. Pero quizá el detalle más significativo a este respecto sea el apodo que sus alumnos del Instituto Cervantes le adjudicaron. Machado impartía sus clases fumando incesantemente. Sus ropas constantemente llenas de ceniza y su sempiterno aspecto levemente desaliñado, le granjearon el apodo de "La Cenicienta".

En tiempos de carestía apurará hasta la saciedad sus propios cigarrillos, llegando a probar, cuando estos escaseaban, hierbas aromáticas como sucedáneo. El Dr. Puche Álvarez, que le atendió en 1938 en Barcelona, comentaría que llegó a un acuerdo con el escritor para que este pudiera a veces saltarse sus prescripciones. Fácil es imaginar que estas transgresiones tenían que ver, nuevamente, con los cigarrillos. Por eso, en esos tiempos difíciles, uno de los regalos mejor bienvenidos serán los apreciados cigarrillos, como los que le envía casi camino del exilio, el famoso general Líster. Hasta el fin de sus días agradecerá también los proporcionados por Juliette Figuères, su vecina en Collioure.

Machado acabará pagando los efectos del tabaco en forma de un enfisema o enfermedad pulmonar obstructiva crónica evolucionada. Sin embargo, es preciso señalar que, aunque en aquellos tiempos sus efectos perjudiciales eran ya levemente intuidos, todavía al tabaco no se le había adjudicado el estigma de tóxico que tendrá después. El trabajo pionero que relaciona el hábito tabáquico con una prematura mortalidad lo publica Richmond Pearl en 1938, aunque pasa bastante desapercibido. En el mismo sentido baste recordar que a principios del siglo XX sólo había registrados en la literatura 300 casos de cáncer de pulmón, el tipo de tumor con una relación mas exhaustivamente probada con el tabaco. Incluso, todavía en los años 50, los médicos aparecen en prestigiosas revistas médicas, anunciando las supuestas bondades del tabaco para ciertas afecciones.

En la Guerra Española y en la inminente Segunda Guerra Mundial el paquete de cigarrillos será considerado componente imprescindible en la ración de los soldados. Incluso en aquellos convulsos tiempos el tabaco será empleado como arma de propaganda. Los nazis llegarán a contraponer la abstinencia de dirigentes como Hitler, Mussolini o Franco a la adicción de Churchill, Roosevelt o Stalin. Y está por llegar aún el gran momento estelar del tabaco, encarnado en el glamour de las grandes estrellas fumadoras de Hollywood.

En aquellos tiempos el asma, la bronquitis crónica, el enfisema y otros procesos crónicos pulmonares distaban de estar definidos. Desde la muerte de Machado todavía pasará más de una década -principios de los años 50- para que Bradford Hill y, sobre todo, Peto y Doll inicien en Inglaterra sus pioneros trabajos en médicos británicos. Estos se han clausurado recientemente de forma definitiva, al cumplirse los 50 años desde su comienzo y tras demostrar de forma incuestionable los efectos deletéreos del tabaco. En un valioso trabajo muy similar publicado recientemente, Vollset y colbs. corroboran, en una población noruega seguida durante 25 años, esta mayor mortalidad en fumadores.

Por otra parte, recordemos que la EPOC no entrará prácticamente en la historia hasta la famosa mortalidad debida a la smog de Londres de 1952 y su conocida definición en el simposium CIBA de 1958. Esta será parcialmente recogida en la reciente definición de EPOC, auspiciada por la OMS (Iniciativa GOLD, 2001): "Estado morboso caracterizado por una limitación del flujo espiratorio que no resulta totalmente reversible, que suele ser progresiva y se acompaña de una respuesta inflamatoria anómala de los pulmones a las partículas o gases nocivos...".

Como la muerte de Abel Martín: apurando el limpio vaso de pura sombra lleno
En los testimonios fotográficos conservados de Machado se hace muy patente su progresiva decrepitud. Desde la famosa fotografía tomada por Alfonso en el Café de Las Salesas en Madrid en 1934 en la que el escritor, con gesto algo adusto, todavía luce una generosa papada, hasta las tomadas en Valencia en 1937 ha pasado un mundo. Él mismo se reconoce viejo y enfermo en una carta escrita a mediados de ese año. Pero las fotografías son mucho más expresivas. En ellas la cara del escritor aparece famélica, el pelo alborotado, profundas arrugas en la frente y hundidos los ojos tras los anteojos de pasta. Recuerda la facies característica de los pacientes con enfisema pulmonar avanzado. En la última conservada, realizada en la frontera de Francia, al parecer por el escritor Corpus Barga, compañero en el exilio y relator excepcional de estos momentos, Machado, macilento y con una barba descuidada de varios días, semeja un espectro.

Antonio está muy enfermo y los testimonios de sus acompañantes en el exilio hablan de su disnea y de que padece "asma" desde hace varios años. De hecho, la enfermedad final será atribuida a un "enfriamiento" adquirido mientras hacían interminables colas en la estación de Cerbére, un mes antes de llegar a Collioure. En Collioure, Machado, muy debilitado, saldrá poco del pequeño hotel donde se aloja. Sólo unos pocos paseos para contemplar el cercano mar del pintoresco pueblecito, celebrado antaño por los pinceles "fauves" de Matisse y Derain. Atendido por su cuñada Matea y su hermano José -a quien debemos muchos de los últimos testimonios de su vida recogidos en el libro Las últimas soledades del poeta Antonio Machado, de 1940- Antonio yace junto al lecho de su anciana madre de 85 años. Un médico francés, el Dr. Cazaben, le administra algunas medicinas Un médico francés, el Dr. Cazaben, le administra algunas medicinas, probablemente algún balsámico, yoduro potásico como expectorante o belladona, que eran los escasos bagajes terapéuticos entonces disponibles.

Sin embargo, el médico comunica a sus familiares que Antonio está desahuciado. Efectivamente una nueva neumonía o bronquitis, que se complica con una gastroenteritis, produce el decisivo y fatal empeoramiento. Durante cuatro interminables días Machado está disneico, inquieto, delirando y con gran opresión en el corazón. En su desorientación agradece reiteradamente las atenciones que se le dispensan. Dos días antes de su muerte, durante una leve mejoría, dicta una carta a un amigo, al fin de la cual estampa una temblorosa firma. Muy poco después pronuncia sus últimas palabras inteligibles -"Adiós, madre"-, entra en coma y muere a las tres y media de la tarde del 22 de febrero de 1939. Era Miércoles de Ceniza. Su madre, que había dado claros signos de enajenamiento mental y permanecido en estado semicomatoso durante la agonía del poeta, parece darse cuenta, en un último momento de lucidez, de la muerte de Antonio. Tres días después seguirá a su muy querido hijo y será enterrada en la misma tumba.

Epílogo
Un verso evocando la infancia. Un poema reescrito recordando a Guiomar. Las frases iniciales del monógo Ser o no Ser del Hamlet de Shakespeare. Son las últimas palabras encontradas en arrugados papeles recuperados del viejo gabán que vestía en las últimos días Antonio Machado. La memoria de la infancia, del amor, de la muerte. De todo lo demás había sido despojado. Durante su huida de España, en la frontera con Francia, había desapareció la maleta en que llevaba sus pobres pertenencias con los más íntimos y caros recuerdos. Ya, pues, ligero de equipaje y mirando al mar, podía ser dado su cuerpo a la desnuda tierra. Como supremo y postrer tesoro siempre conservará una pequeña caja de madera con un poco de tierra de España para ser enterrado con ella. ICI REPOSE Antonio MACHADO MORT en EXIL LE 22 FÉVRIER 1939, puede leerse en la sencilla lápida de Collioure.

Cada año se depositan en un buzón cercano los miles de cartas en todos los idiomas que llegan dirigidas a "Don Antonio Machado, Cementerio de Collioure". Las flores acompañan permanentemente a sus mortales restos. Unos restos que quizá siguen esperando, como recordará su hermano José en una carta escrita dos días después de la muerte del poeta, "hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permitan volver a sus tierras castellanas que tanto amó".

A Machado, dolorido y solo
Estos días azules y este sol de la infancia.
(Último verso de Antonio Machado, escrito poco antes de morir).

Poeta amable de cielos abiertos,
hombre bueno de alma sencilla,
navegante del mar de Castilla,
trovador de sus pueblos desiertos.
Sus caminos recién descubiertos
en tus rimas se hicieron semillas
y cantando por tierras y villas
verso a verso tornáronse ciertos.
Buscador de tesoros inciertos,
Don Quijote de causas perdidas,
amador de unas musas prohibidas,
soñador con los ojos despiertos.
Hondo hablaste de sus desaciertos
a las ásperas tierras queridas
y ellas sólo tallaron heridas,
golpe a golpe en tus desconciertos.
(De Guiomar y Leonor los afectos
en tropel atraviesan tu vida
y rebrotan antiguas heridas
piel y sangre quemando recuerdos).
De equipajes ligeros cubiertos
días azules, infancias sencillas,
y desnudo, del mar las orillas,
envolvieron tus ojos ya yertos.

Bibliografía

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UGUSTE D.: La primera paciente con la enfermedad de Alzheimer
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