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UN RINCÓN PARA LA HISTORIA
De los genios y sus dolencias
Las dolencias del científico pacifista
Julio Montes Santiago
CHUVI-Meixoeiro.Vigo.
El médico de cabecera es llamado a casa de un hombre de 76 años, que presenta brusco dolor en hipocondrio derecho, sudación, náuseas y vómitos. Durante años ha sufrido ataques parecidos de dolor abdominal que duran unos 2-3 días, acompañados frecuentemente por vómitos. Dichos dolores se han acentuado en los últimos 7-8 años, siendo atribuidos a una colecistitis crónica y para lo cual seguía una dieta estrictamente vegetariana. Fumador empedernido aunque no bebedor. Su padre había muerto a los 52 años de un infarto de miocardio. Entre sus antecedentes personales destacaba: Ulcus gastroduodenal (32 años). Cuadro de opresión torácica y desvanecimiento tras un gran esfuerzo físico a los 49 años. Ocasionalmente, había presentado sensación de desvenecimiento mientras practicaba navegación a vela..Intervenido de aneurisma de aorta abdominal (71 años). Anemia hemolítica y tratada con prednisona (74 años).
El paciente se niega a ser ingresado pero tras consulta con otros tres especialistas es hospitalizado y tratado con fluidoterapia iv. y dolantina, mejorando notablemente y reiniciando la alimentación oral.
El diagnóstico más probable es:
1.Colecistitis aguda.
2.Infarto de miocardio diafragmático.
3.Nueva crisis de anemia hemolítica.
4.Rotura del aneurisma abdominal.
Evolución y desenlace
El paciente es Albert Einstein. (1879-1954) (Fig. 1), premio Nobel de Física en 1921 y declarado en el año 2000 por votación popular de la revista Time como el personaje más influyente del siglo XX.
Su médico de cabecera (Dr. Guy K. Dean de Princeton, New Jersey, USA) consideró un diagnóstico de colecistitis aguda. Los especialistas consultados (un radiólogo: Dr. Gustav Bucky, un internista: Dr Rudolph Ehrmann y un cirujano cardiovascular: Dr. Franz Glenn) ponderaron también el mismo diagnóstico pero al palpar una masa pulsátil en el hipocondrio derecho sospechan la rotura del aneurisma abdominal y proponen una nueva intervención quirúrgica. Einstein pregunta por las posibilidades de éxito.
Franz Glenn, entonces consideró sin duda el antecedente de intervención realizada en 1948 por el famoso cirujano Rudolph Nissen. En una laparotomía realizada para descubrir el origen de los dolores abdominales crónicos del físico, Nissen se había encontrado con un aneurisma abdominal del tamaño de una mandarina pero en esa fecha sólo había podido realizar una fijación del aneurisma mediante su recubrimiento con una envoltura de celofán. Aunque en 1951 ya Dubois había realizado con éxito el reemplazo de aorta por homoinjerto de cadáver y De Bakey y colaboradores en Houston (Texas) estaban desarrollando justo en ese año prometedoras técnicas de sustitución por prótesis e injertos y el mismo Glenn, a la sazón Cirujano-Jefe del Hospital de Nueva York, había realizado ya algunas de tales intervenciones, le confesó a Einstein su poca experiencia en tal situación. Debido a la falta de garantías, Einstein declinó la intervención y sólo preguntó si la muerte sería horrible, ante la cual sólo se le dieron respuestas demasiado vagas. Unos pocos días antes había dejado escrita su ya famosa despedida: "Quiero marcharme cuando yo quiera. Es de mal gusto prolongar la vida artificialmente; ya hice mi parte, y es hora de marcharse. Lo haré con elegancia".
Aunque Einstein rechazaba con frecuencia los opiáceos, mejoró significativamente con el tratamiento de analgesia e hidratación hasta el punto que pide que le lleven al hospital sus gafas y sus notas para un discurso pacifista que estaba elaborando a petición de Bertrand Russell. De forma súbita, y tras 2 horas de dormitar aparentemente tranquilo, presenta disnea y fallece rápidamente a la 1,25 de la madrugada del 18 de abril, tras 3 días de ingreso hospitalario. En la autopsia realizada por el Dr. Thomas Harvey se encontró la vesícula intacta aunque comprimida por un gran hematoma ocasionado por la hemorragia masiva secundaria a la rotura del aneurisma aórtico abdominal. Más tarde, Nissen declararía que la intervención no hubiera sido posible debido a la cercanía del aneurisma a las arterias renales.
El Dr. JJ Chandler, que trabajaba en el mismo hospital de Princenton en el que el físico murió 29 años antes, revisando ciertos detalles de su historia clínica bautizó como "Signo de Einstein" al cuadro parecido a una colecistitis causado por la rotura de un aneurisma abdominal. Así Einstein, a quien paradójicamente el único Doctorado Honoris causa que se le concedió en Alemania fue el de Medicina por la Universidad de Rostock, y que había contribuido con decenas de epónimos al avance científico de la Física y Astronomía, legó con su propia muerte un epónimo más, esta vez al campo de la Medicina.
La unión de la Física con la Medicina
Debido a sus enfermedades y debilidad durante los últimos años, Einstein salía poco de Princenton. Sin embargo, una de estas salidas la realizó por su 74º aniversario y tuvo como motivo recaudar fondos para la construcción del futuro Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, que sería inaugurado medio año tras su muerte (fig.3). En dicha ocasión y preguntado por el modo en que la Física había venido en ayuda de la Medicina, respondió: "La Física ha influido en la Medicina porque, en primer lugar, ha dado al hombre confianza en los métodos científicos. Además ha proporcionado a la Medicina instrumentos y conceptos indispensables. Aunque también ha inducido quizá a los biólogos a concebir los órganos vitales de modo demasiado primitivo".
Más de 50 años después de ser pronunciadas estas palabras siguen manteniendo toda su vigencia. Efectivamente, la Física ha desarrollado durante el siglo XX procedimientos sin los cuales la Medicina actual sería difícilmente concebible -Rayos X, ultrasonidos, técnicas de Medicina Nuclear y Radioterapia, Tomografía computarizada, Resonancia Nuclear Magnética, etc.-. Pero Einstein probablemente también se refería a aquellas herramientas metodológicas basadas en el razonamiento matemático como la estadística y que están en el núcleo de corrientes actuales tan poderosas como la Medicina basada en la evidencia. Sin embargo, tampoco se le escapaba que los procesos biológicos frecuentemente desafian las explicaciones simples, lo que trasladado al plano asistencial podría concretarse en las frecuente disparidades existentes entre los pacientes reales y los incluidos en los ensayos clínicos. De ahí que, teniendo en cuenta la advertencia de Einstein, podamos otra vez recordar que debe ser el buen juicio del médico el que, como integrador de los avances científicos y de las peculiaridades de cada persona, obtenga los máximos beneficios en favor del paciente.
Bibliografía
Chandler JJ. The Einstein sign: the clinical picture of acute cholecystitis caused by ruptured abdominal aortic aneurysm. N Engl J Med. 1984;310:1538.
Cohen JR, Graver LM. The ruptured abdominal aortic aneurysm of Albert Einstein. Surg Gynecol Obstet. 1990; 170:455-458.
Lowenfels AB. Historical perspectives in surgery. Medscape Surgery 4(1); 2002. (Disponible en http://www.medscape.com/viewarticle/436253).
Montes Santiago J. El coleccionista de cráneos célebres. Cervantes: Salamanca, 2002; pp. 113,154.
Montes Santiago J. El signo de Einstein en la rotura de un aneurisma abdominal. Rev Clin Esp 2002; 202:624.
Seelig C. Albert Einstein (3ª ed. 1960). Madrid: Espasa, 2005, p. 299.
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